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En el periodismo quindiano también hay acoso sexual y la intimidación obliga a callar

  • hace 5 días
  • 6 Min. de lectura
En el periodismo quindiano también hay acoso sexual y la intimidación obliga a callar

Tras el escándalo nacional desatado por los casos de acoso sexual perpetrado por miembros de Caracol Televisión, cada vez son más las mujeres de varios territorios que han hecho públicos los hechos a los que se han enfrentado.


El territorio quindiano no es la excepción en temas de acoso sexual por parte de quienes se hacen llamar la "eminencia del periodismo" y desde mi rol como comunicadora social y periodista, quien desde muy pequeña incursionó en este mar de tiburones y ha forjado carácter pese a las amenazas, doy testimonio de la realidad y las circunstancias que se viven en este gremio.


Y es que, para nadie es un secreto que las violencias basadas en género han incrementado, se estima que en 2025 se presentaron un total de 158.074 casos de violencias basadas en género en el país. Entre ellos, el 81% de los casos de violencia se registran contra niñas y adolescentes mujeres. Además, el 50% de las mujeres entre 18 y 28 años reporta haber vivido algún acto de violencia en su vida.



Hablando puntualmente del gremio de periodistas, me permito hablar en primera persona en este párrafo, para citar la frase "en algún momento saldrá a la luz lo que usted está haciendo" dirigida hacia un "eminente" comunicador con el que, en mi época de estudiante empecé a trabajar, todo empezó por una oferta laboral, en la que podía, sin ser graduada, empezar a desenvolverme y conocer de primera mano cómo era el mundo real del periodismo, por lo que con admiración hacia quien en esa época inocente, era para mí uno de los mejores periodistas del Quindío, dirigí mi hoja de vida y fui aceptada en el medio.


Inicialmente el sujeto era "un caballero" enseñando y dirigiendo las labores correspondientes, sin embargo, (sin mencionar nombres, las colegas que han vivido la misma historia, confirmarán lo que aquí se narra) días despúes empezaron las invitaciones extrañas, primero el acercamiento por redes sociales y comentarios sobre la apariencia física un tanto subidos de tono, luego las "invitaciones a un vinito y a hacer asado en su casa" para posteriormente hablar de como el cuerpo, la cara, el pelo y el cerebro eran lo que él buscaba para hacer un equipo y ser "los mejores" en el periodismo del Quindío.


Ante la negativa a sus propuestas, que iban acompañadas de gestos e invasión del espacio personal, empezaron las amenazas: "es que si usted no acepta voy a acabar con su carerra", "usted no es y nunca va ser nadie", "tómese el vinito conmigo y verá que le va ir muy bien"... Esto seguido del inicio de una ola de acoso dentro de la labor que con el paso de los meses me llevó a la renuncia, y es que, aunque mi labor se centraba en apoyo logístico para la transmisión de los programas correspondientes, tras negarme a las invitaciones reiterativas, mi rol cambió, ahora debía recoger cables, seguir al sujeto en mención, pero almorzar en una mesa lejos de él y los invitados, esto acompañado de gritos, frases burlezcas y regaños por actos tan simples como preguntar el cargo del invitado, para verificar la información antes de cometer un error en la redacción.


No se trataba de un caso aislado de acoso en el periodismo


Para no alargar la historia, un día en el que la paciencia abandonó la sala y la ansiedad se apoderó de la situación, decidí renunciar, años después al hablar con un colega y contarle el motivo de mi renuncia, descubrí que el caso no era aislado.



Y es que dicho comunicador presenta antecedentes, lamentablemente no penales, motivo por el cual no se menciona su nombre, pero sí en el gremio por casos aún más desagradables del anteriormente mencionado.


Mujeres que eran chantajeadas para irse a la cama con el sujeto a cambio de un poco de posicionamiento y la promesa de trabajar en llave con el victimario en mención, asedio constante por redes sociales bajo el mismo modus operandi, comentarios obcenos y pasivo agresivos disfrazados de cumplidos y una larga lista de testimonios que narraban la misma historia, bajo distintas circunstancias, con la misma persona, que también cumplía la labor como docente.


Acoso dentro de la Universidad del Quindío


El tema del acoso se ha normalizado, y ahora que menciono que uno de los protagonistas de este texto fue docente, es importante remontarse al año 2024, cuando un sujeto en el bloque de ciencias básicas de la Universidad del Quindío, acosó a dos menores de edad dentro de los baños del alma mater.


O más puntual aún, en el año 2018 cuando el profesor José Morales fue señalado directamente por acosar sexualmente a sus estudiantes, a través del #CSPSinMoralEs se inició un movimiento que evidenció varios casos similares, que la Universidad dilató y minimizó hasta que el docente salió de la institución. Sin embargo, Morales no recibió castigo, sino que terminó dictando clases en otra institución de educación superior en la ciudad de Pereira.


¿Y es el único medio involucrado?


Evidentemente estos no son hechos aislados, pues este medio de comunicación conoció de primera mano que una importante cadena radial también ha tenido casos de acoso minimizados.


En este artículo por evitar represalias contra las mujeres que han alzado su voz, no se darán nombres, sin embargo, se enlistan los hechos:


  • Año 2018: Director de una de las emisoras de la cadena radial, le ofrece el cargo de locutora a la comunicadora, siempre y cuando pase un filtro muy importante: satisfacerlo en la cama.

  • Año 2021: comunicadora sufre acoso laboral y minimización de su rol por no cumplir con ciertos estándares de belleza.

  • Año 2022: Comunicadora denuncia ante los conductos regulares, comentarios obcenos por parte del director de una de las emisoras.

  • Año 2023: Locutora denuncia al mismo director por comentarios incómodos y obcenos, cuando confronta al victimario es retirada de su cargo y su denuncia es minimizada, deslegitimando su versión.


¿Y las acciones?


A esto le sumanos el caso de uno de los productores de uno de los canales regionales del departamento, quien actualmente ya no ejerce ese cargo, pero era conocido por sus comentarios subidos de tono, invasión del espacio personal e incluso tocamientos, también el caso infaltable que le dio la vuelta al país, el del comunicador Ricardo Medina, quien se hizo conocido no por su trabajo, sino por acosar sexualmente a una de las mujeres de servicios generales de la Gobernación del quindío, cuyo caso quedó en pausa pese a las pruebas de chat y testimoniales de la víctima, hoy el hombre sigue desempeñando sus labores en el municipio de Quimbaya. Además de todos los hechos que se viven a diario dentro de las oficinas de prensa de entidades tanto privadas como públicas.


Ante estos casos, hay quienes han intentado llevar la bandera para reunir a estas mujeres víctimas de acoso por parte del gremio periodístico, que en su mayoría es ejercido por hombres, sin embargo, las acciones no han tenido la visibilidad suficiente, las denuncias ante las autoridades no se realizan por temor a represalias e incluso por normalización del tema, pues quienes han denunciado, simplemente han recibido rechazo e incluso afirman haber quedado "como locas" por denunciar públicamente.


A propósito...


En el periodismo quindiano también hay acoso sexual y la intimidación obliga a callar, pero esta ola de denuncias nacionales puede ser la plataforma para que las mujeres del gremio rompan el silencio y bajen de los pedestales a los lobos disfrazados con piel de oveja que a diario asechan a sus víctimas.


Recordemos que Antonio Sanguino, ministro del Trabajo, afirmó que los procesos internos de ninguna manera "eximen a la empresa de responder bajo el Convenio 190 de la OIT, ratificado por Colombia, que garantiza un mundo del trabajo libre de violencia y acoso". por lo que los medios de comunicación deben garantizar que estas situaciones no se presenten con sus periodistas.

Además el acoso sexual en Colombia es un delito tipificado en el artículo 210A del Código Penal y una falta grave laboral/disciplinaria, castigado con penas de prisión (generalmente de 1 a 3 años, o hasta 12 años según el caso y relación de poder), multas, y medidas de protección laboral según la Ley 2365 de 2024.



 
 
 

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