La miseria humana solo tiene dolientes si el rostro se vuelve viral
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El consumo de sustancias psicoactivas y la ruptura de los vínculos familiares son, según cifras del DANE, los principales detonantes de la habitabilidad en calle. Con más de 34,000 ciudadanos en esta condición a nivel nacional, el Quindío se ha consolidado como un receptor crítico debido a factores geográficos y al bajo costo de los estupefacientes en el mercado local. Lo que antes era un fenómeno social, hoy es una crisis de orden público que ha desbordado la capacidad de las autoridades en Armenia.
La llegada de los habitantes de calle, principalmente a la capital quindiana se atribuye a muchos factores, e incluso hay quienes aseguran que son abandonados en las vías cercanas, tras ser expulsados de otros departamentos y trasladados en camiones hasta el territorio quindiano, para "deshacerse del problema", sin embargo, esto no ha sido documentado, ni existen pruebas que lo confirmen, lo que si está confirmado, es que únicamente en Armenia, el milagro ahora es aprender a convivir con esta población, pues debido a la poca rigurosidad en el cumplimiento de las normas básicas de convivencia para esta comunidad, se han tomado la ciudad como parque de diversiones, haciendo y deshaciendo a su antojo.
Un ejemplo claro de ello, es la famosa "Shakira" cuyo nombre de pila es Juan David, quien logró su sueño de ser una persona famosa, tras la visibilización por parte de la administración municipal, en donde se anunciaba con bombos y platillos su vinculación e inicio en el proceso de desintoxicación, sin embargo, dos días después, esta persona regresó a las calles y con más "locura" que nunca, pues pareciera que en medio de su cuadro de esquizofrenia, sabe muy bien lo que hace y lo que genera en la comunidad. A esta persona se le ha tolerado el daño en bien público, el acoso a la comunidad, las agresiones verbales e incluso se le perdonó que un bebé que se encontraba dentro de un establecimiento comercial, acogido en los seguros brazos de su madre, terminara en el hospital debido a una agresión de este mismo personaje.
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Ahora "Shakira" sigue deambulando por el centro de Armenia, pero con más bríos que nunca, siendo plenamente conciente que el miedo es la herramienta perfecta para obtener lo que se le antoja, mientras las autoridades siguen sin poder hacer nada, porque tiene problemas mentales, es una población vulnerable, pertenece a la comunidad LGTBIQ+ y para rematar, es consumidor de drogas.
Pero este es sólo un ejemplo del pequeño gran problema existente, pues en medio del inconformismo y la impotencia de no poder actuar frente a estas personas que viven sin dios ni ley, en donde sus derechos son respetados a costa de los derechos de la comunidad que vive en cumplimiento de las normas, el pago de impuestos y respeta el espacio, la vida y el entorno de los demás, hay quienes siguen manteniendo el problema.
El despertar de la miseria y caridad hipócrita ante el habitante de calle que sale del anonimato
Sin embargo, la responsabilidad no recae únicamente en la administración municipal. Existe un fenómeno de "asistencialismo de andén" que perpetúa la permanencia de estas personas en el espacio público. Cuando funcionarios y líderes locales, bajo una lógica de caridad individual, reparten alimentos en sectores críticos como los Puentes de La Cejita, están financiando indirectamente la ocupación de la calle y el consumo. "Haz lo tuyo, que yo hago lo mío", fue la respuesta de un líder ante la sugerencia de formalizar estas ayudas. Esta postura ignora que un plato de comida sin un proceso de resocialización solo sirve para consolidar el entorno donde prospera el microtráfico y la delincuencia.

Y es que se ha repetido en cada artículo plasmado en este portal, no se trata de ser frívolo y cruel ante la necesidad agena, sino en tener conciencia sobre la problemática a la que nos estamos enfrentando, pues lo que para unos es "un plato de comida" en una noche fría, se convierte en el motivo por el cual los adictos a las drogas que sobreviven bajo los puentes y en los rincones de la ciudad, siguen haciendo de las suyas, dañando la infraestructura, robando, ensuciando, acosando mujeres, consumiendo drogas y hasta acabando con la vida de gente inocente.
La hipocresía social completa el círculo. La misma opinión pública que se indigna ante un titular violento es la que se enerva cuando la Policía Nacional publica el cartel de los 22 actores delincuenciales en condición de calle. Es allí donde aparecen los "dolientes de pantalla": familiares que, tras años de ausencia y abandono del paciente, surgen para reclamar por la honra de quien hoy es señalado por hurto o expendio. Reclaman la imagen de quien en el día a día no recibe una sola petición de apoyo para su rehabilitación.
Armenia reconoce a sus indigentes solo cuando la opinión pública los señala
Hace unos días se conoció el cartel de los habitantes de calle que tras investigaciones de las autoridades fueron identificados como actores delincuenciales que tienen azotada a la población, en total son 22 personas, entre ellos 3 mujeres que con foto, nombre y alias fueron difundidos para prevenir a la comunidad, ante los delitos reiterados. No obstante, un fenómeno particular ha llamado la atención, y es que, en la cotidianidad los llamados indigentes se convirtieron en paisaje, sin embargo, la indignación y los dolientes aparecen cuando los rostros de los que pasan de ser habitantes de calle para convertirse en delincuentes son sacados a la luz pública.
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La publicación del cartel de los habitantes de calle ha generado indignación y a través de mensajes de WhatsApp, correos y mensajes por todas las plataformas digitales, familiares y amigos de varias de estas personas se han manifestado, algunos incluso con amenazas por señalar públicamente a los autores de delitos como hurto y expendio de drogas.
La miseria humana solo tiene dolientes si el rostro se vuelve viral. "Mi papá es consumidor pero no ladrón", "Es mi hermano y lo mataron, pero él no era un delincuente", "mi hermano estuvo en la cárcel, pero no por hurto, por otros delitos sí, pero no por hurto" son algunas de las afirmaciones que se han recibido tras la publicación del cartel, sin embargo, pareciera que los seres queridos de estas personas que más que ayuda, requieren control, sólo aparecen cuando la foto se hace pública, ya que en el día a día, no existe ni un sólo llamado, petición o solicitud de apoyo para poder rehabilitar a sus seres queridos y sacarlos de las calles.
Armenia se enfrenta a una realidad cruda: el habitante de calle se ha vuelto paisaje hasta que se convierte en victimario. No se trata de criminalizar la pobreza, sino de entender que el derecho a habitar la calle no puede estar por encima del derecho de la ciudadanía a vivir en un entorno seguro y libre de agresiones. Mientras el asistencialismo siga alimentando el problema y la justicia siga atada por la especial protección de quienes vulneran la norma, la capital seguirá siendo el escenario de una caridad hipócrita que solo despierta cuando el rostro del "pobrecito" aparece en un cartel de los más buscados.



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